Generar vida, vivir con esperanza
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Este fin de semana hemos celebrado nuestro Encuentro de Superioras, un espacio de escucha, reflexión y comunión que nos ha ayudado a tocar el corazón de nuestra vocación y de nuestra misión.
Hemos profundizado en la llamada a ser mujeres que generan vida, que acompañan procesos, que cuidan, impulsan y ayudan a crecer. En un mundo marcado con frecuencia por la incertidumbre, sentimos con fuerza la invitación a sembrar esperanza y a abrir caminos nuevos desde la confianza en Dios.
Como Hermanas del Ángel de la Guarda, hemos renovado también nuestro deseo de ser Ángeles visibles, presencia cercana y fraterna que anima, sostiene y acompaña a quienes el Señor pone en nuestro camino. También, cómo no, en nuestras comunidades. Porque la generatividad nace precisamente de ahí: de una vida entregada que hace posible que otros crezcan, descubran su valor y desplieguen los dones recibidos. Juntas hemos reflexionado sobre cómo seguir fortaleciendo nuestras comunidades para que sean lugares de fraternidad, donde la escucha, la confianza, la acogida mutua y el compartir la fe hagan visible el Evangelio en la vida cotidiana. Estamos convencidas de que una comunidad unida y alegre es fuente de vida para las hermanas y para la misión.
También nos hemos acercado a la nueva encíclica del Papa, MAGNIFICA HUMANITAS, acogiendo sus llamadas como una invitación a vivir con mayor profundidad nuestro ser discípulas de Jesús y a responder con creatividad y valentía a los desafíos de nuestro tiempo.
Regresamos a nuestras comunidades agradecidas por la riqueza compartida, por la fraternidad vivida y por la certeza de que el Espíritu sigue guiando nuestros pasos.
Seguimos caminando juntas, generando vida, formando verdaderos discípulos de Cristo y siendo, cada día, Ángeles visibles de la ternura y la providencia de Dios.





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