La Molle: un lugar para volver a lo esencial
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Mientras el verano avanza, la Casa Madre de La Molle (Francia) se convierte, una vez más, en un lugar de encuentro, de gracia y de fraternidad. Hermanas procedentes de distintos países comparten estos días en un ambiente sencillo y profundamente evangélico, donde los Ejercicios Espirituales, la oración comunitaria, la formación y el descanso se entrelazarán como en el compartir una misma vocación.
Cada jornada, el Señor en el centro. La oración compartida, la celebración de la Eucaristía y los momentos de silencio ayudan a renovar la llamada recibida y a descubrir, una vez más, que la misión nace siempre del encuentro con Cristo.
El verano es también un tiempo privilegiado para seguir formándose. A través de distintos espacios de reflexión y diálogo, las Hermanas profundizarán en temas que fortalecen la vida consagrada para seguir respondiendo, con creatividad y esperanza, a los desafíos del mundo actual. Aprender juntas es una manera de seguir creciendo en fidelidad al carisma que el Padre Luis Ormières y la Madre San Pascual nos confiaron.
Pero estos días son también un regalo para la fraternidad. Compartir la mesa, los paseos, las conversaciones espontáneas, las risas y los pequeños gestos cotidianos fortalecen los lazos que nos unen más allá de las fronteras y las lenguas. En una comunidad internacional como esta, en la que viven durante estos días, cada encuentro se convierte en una oportunidad para descubrir la riqueza de la diversidad y experimentar que la comunión es un don que se construye cada día.
El descanso ocupa también un lugar importante. Recuperar fuerzas, contemplar la belleza de la creación, disfrutar del ritmo pausado del verano y cuidar unas de otras forma parte de esa ecología integral de la persona que permite volver a la misión con un corazón renovado.
En La Molle se hace visible la universalidad de nuestra Congregación. Hermanas de diferentes culturas, edades y países comparten un mismo deseo: seguir siendo Ángeles Visibles, anunciando con su vida el amor de Dios allí donde son enviadas.
Que este tiempo de verano siga siendo para todas una ocasión para dejarse encontrar por el Señor, fortalecer la fraternidad y preparar el corazón para continuar la misión con renovada alegría.
"¡Qué bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos!" (Salmo 133,1).




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